Posteado por: Esperanza Jhoncon | abril 20, 2016

El Rey de España y el Papa Francisco deben reconocer la gravedad del daño infligido a los indígenas peruanos durante la cruenta colonización.

Recientemente, el gobierno de Japón pidió disculpas e indemnizó a las “esclavas sexuales” con la suma de US$8’300,000. Pero el gobierno japonés se tardó 12 años en reconocer el uso de la mujer asiática no japonesa como esclava sexual para “satisfacer” el apetito sexual de sus tropas durante la IIGM. Muchas de ellas, unas 200 mil, fueron raptadas siendo menores de edad, violadas, golpeadas, humilladas, torturadas y tratadas como objetos de desecho por los militares japoneses de ese entonces.

indigenasLas cargas del pasado no se resuelven solas, y mucho menos cuando en el Perú ha prevalecido —y prevalece— el racismo, la discriminación, la desigualdad, el abuso de poder, la corrupción y los atropellos a la dignidad humana en general. Perú se encuentra en vísperas de “celebrar el bicentenario de la independencia”. Pero, ¿cuál independencia se puede lograr cuando la población originaria peruana no ha se ha “curado” del trauma histórico que significó la invasión española, ni se ha recuperado de las horrendas atrocidades que cometieron los llamados “conquistadores españoles”, ni han recibido resarcimiento alguno por los tres siglos de feroz colonización y destrucción de la civilización incaica, en alianza con la iglesia católica.

Esa población originaria fue derrotada, aplastada sin piedad, traicionada con “acuerdos ficticios”, manipulada por la iglesia católica, y están entrampados en su miseria, desgracia y desolación. ¿Por qué tienen que seguir siendo los “condenados de la Tierra”?, como diría Franz Fanon. El Perú no está formado sólo por los descendientes de españoles que ostenta la oficialidad, pero que es incapaz de integrar y reconocer que el suelo que pisan pertenece a la población indígena originaria. Son ya siglos de identificación con la Corona española y el sistema eclesiástico que bloquean una sana y próspera unidad. Por eso pido a los representantes de esos poderes dejan sentada su iniciativa: pedir las disculpas correspondientes y resarcir a los indígenas peruanos, a fin que los criollos y mestizos hagan lo mismo. ¿Hasta cuándo va a prevalecer la Costa sobre la Sierra (y la Selva)? ¿Es esa relación equitativa?

No hay vuelta al pasado, pero sí queda un registro detallado y documentado por muchos historiadores, incluyendo 80 millones de páginas centralizadas en el “archivo de indias” de Sevilla. El último de estos registros, que describe exhaustivamente los acontecimientos que tuvieron lugar entre 1780 y 1783, es el que ha aparecido hacia fines del año pasado, escrito por el historiador Charles Walker: “La Rebelión de Túpac Amaru” (IEP, 2015). Como Walker, no tengo raíces indígenas ni españolas; por tanto, puedo ver con cierta neutralidad esa parte del pasado peruano. Ciertamente, se trató de enfrentamientos extremadamente sangrientos y enconados, donde los descuartizamientos, las matanzas masivas o genocidios, la violencia llevada al extremo, servidumbre, explotación hasta el exterminio, felonías, etc. eran el pan de cada día. Con la rebelión de José Gabriel Túpac Amaru y su esposa Micaela Bastidas no acabó la contienda entre los “realistas” (españoles) y los “rebeldes” (indígenas), como relata Walker. La pareja indígena que se ha convertido en un mito para los pueblos indígenas fueron destrozados a machetazos delante de sus hijos y parientes, y sus cabezas y miembros fueron colgados en estacas en señal de trofeos. Pero ellos no fueron los únicos en morir con saña en manos de los españoles, también lo fueron Túpac Katari, Diego Cristóbal, a quien lo despellejaron con tenazas encendidas al rojo vivo y lo arrastraron ensangrentado por medio de caballos, así como también a sus primos, tíos, nueras y otros parientes.
En ambos lados, la confrontación fue sangrienta. La diferencia está en que mientras los indígenas sólo demandaban un trato razonable con respecto a los tributos que le eran impuestos; incluso, aceptando “fidelidad” ante el rey de España y la iglesia católica (pues ya estaban domesticados porque no demandaban ni luchaban por el re-posicionamiento de su territorio y cultura), los españoles de ése entonces luchaban en cambio impulsados por su codicia. Relata el texto antes citado que en el buque donde viajaron encadenados algunos “líderes rebeldes subversivos” para realizar trabajos forzosos en España, entre los que se encontraba Juan Bautista Túpac Amaru (medio hermano de Túpac Amaru), llevaba una carga de 600 toneladas de cobre, 153 toneladas de plata y 4 toneladas de oro. ¿Cuánto más saqueó España en los tres siglos de horrenda colonización? Juan Bautista llegó a decir: “No recuerdo un solo rasgo humano de los españoles”.

Simultáneamente, la campaña de difamación, acentuado desprecio, desdén y agravio contra la etnia indígena peruana se repetía incansablemente una y otra vez entre la población criolla y mestiza. En efecto, lograron su cometido, esta población costeña aún sigue considerando a los indígenas andinos como pertenecientes a una “raza inferior”. Lamentablemente, me ha tocado escuchar varias veces en las calles de Lima decir: “Indio, tenías que ser …”, supuestamente por estorbar el camino de un criollo o mestizo.
El enorme daño causado por los españoles de aquél entonces persiste hasta el día de hoy. Las últimas elecciones presidenciales han dado como resultado una segunda vuelta que se disputará entre dos costeños: una candidata acriollada de origen japonés, hija del exdictador Alberto Fujimori, conservadora y populachera y, por otra parte, un candidato conservador liberal que adoptó la nacionalidad norteamericana y sólo le interesa las leyes del mercado. La tercera candidata, congresista representante del Cuzco, quedó a poca distancia porque en la capital: Lima, se sigue sin aceptar a quien posea orígenes andinos o represente a los Andes peruanos.
Todos sabemos que la España de hoy tiene muchos problemas y conflictos a punto de estallar, pero arrastra al menos tres siglos de carga y perjuicio de grandes dimensiones en toda América Latina y, particularmente, en Perú que fue la sede del virreinato español. Por eso escribo estas líneas, para tender puentes de aproximación, comprensión, justicia, tolerancia y coexistencia pacífica, para que la Corona española pida el perdón que merecen los hombres y mujeres andinas que aún siguen vagando sin rumbo y sin convertirse en verdaderos ciudadanos, acordándose de ellos sólo cuando se busca su voto o tratándolos como atracciones turísticas o de museo. Es decir, después de tener un territorio organizado a su manera y estilo, han quedado en el total abandono y desprecio. ¿Qué es hoy Perú? Es sólo su parte costera, particularmente su capital desbordada, como dice José Matos Mar, por la ignominia de unos gobernantes que se enorgullecen de llevar apellido y sangre española, mientras reniegan o se avergüenzan de sus raíces andinas.

Sr. Rey de España, don Felipe VI de Borbón, y Papa Francisco, máximo representante de la iglesia católica, hay una población desolada que necesita VUESTRAS DISCULPAS y VUESTRA COMPENSACIÓN por todo el daño y humillación infligidos injustamente durante tantos y tantos años. Actúen, por favor, en consecuencia, en el marco universal de los derechos humanos.

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