Posteado por: Esperanza Jhoncon | marzo 25, 2016

Gobernar no es administrar.

En el Perú los presidentes no gobiernan, sino administran los activos y pasivos que encuentran al asumir el poder, tal como lo hacen los gerentes de cualquier empresa. Pero un país no es una empresa. Un país requiere GOBIERNO, es decir, conducción de los destinos de la población, de sus recursos materiales, de las ideas dispersas para hacerlas confluir en un ideario común a los intereses de todos, sin segregación de ningún tipo. Desgraciadamente, lo que más ha predominado en el Perú es esta segregación o separación de intereses, fomentando la desigualdad, la inestabilidad, el desequilibrio y, en fin, la injusticia social.

Cada cinco años, el pueblo peruano se aferra, quizás, a su único derecho democrático y político: el derecho a la libertad de elegir. Pero este derecho político está perdiendo su carácter de libertad porque ya no solamente los aparatos de comunicación social sólo responden a los intereses de sus propietarios, sino que también una institución estatal como el JNE usa su legalidad para aplicar la diferenciación o segregación entre candidatos. Como dice el ciudadano de a pie: “no se aplica la misma vara a todos los candidatos”. ¿A dónde hemos llegado? No es que los poderes constituidos sufran de miopía, sino que ya es incontenible el empleo de la legalidad para hacer prevalecer los intereses mezquinos, particulares o de cierta corruptela. ¿Cuál es el referente más inmediato de este nociva tendencia: el gobierno o los gobiernos del Sr. Alberto Fujimori? Un neófito en política que instauró un estilo absolutamente personalista de gobierno y que ahora pretende encarnar su hija mayor, Keiko, en cotubernio con su hijo menor, Kenji.

Independientemente de todas las atrocidades que cometió el Sr. Fujimori, por lo que es catalogado internacionalmente como el 7mo. ex-mandatario más corrupto, aquí queremos referirnos a “su” idea de gobierno que, inevitablemente, es la de su hija Keiko, quien en efecto se ha preparado como administradora. Para los Fujimori’s “gobernar es administrar”; vale decir, manejar el país como si fuese una empresa donde la contabilidad tiene un papel central. La meta de este tipo de administradores es conseguir plata obsesivamente para asegurar la liquidez del país, aunque sea rematando los recursos del Estado, como dice la candidata del Frente Amplio: Verónika Mendoza. Nadie debe estorbar al objetivo de “hacer plata”, vengan los fondos de donde vengan. He ahí su envilecimiento bajo la corrupción. Al Sr. Fujimori las matemáticas le tenían que funcionar. Para ello, qué importancia podían tener los derechos civiles y políticos de la población. Bastaba con unas cuantas dádivas o migajas para que su narcisismo, léase “yo, papá”, esté asegurado y los pobres no estorben en sus planes macabros y megalómanos. Ésta es la clave de su enganche con ciertos sectores atrasados de la población y que aún pervive porque un gran número de peruanos no ha aprendido (o no se les ha permitido) vivir el LIBERTAD, ¡jamás!

GOBERNAR es a nuestro juicio construir una NACIÓN que nunca hemos logrado, por eso tiene razón mi apreciado profesor José Matos Mar: ante el centralismo, el fenómeno del desborde popular era inevitable. En este anómalo proceso electoral, sólo hay una candidata que pone énfasis a la descentralización y al ordenamiento territorial y ésa es Verónika Mendoza. Un país no se convierte en nación si el Estado no se posiciona de cada rincón del territorio nacional; una nación tiene un gran sentido de soberanía territorial y no renuncia a ninguna porción de su territorio fronterizo ni interno; una nación cuenta con una red de comercialización o mercado interno que se dinamiza a través del desarrollo local; una nación protege y cuida de sus fuentes de supervivencia, como sus cuencas hidrográficas; una nación puede ser pluricultural pero donde todas las etnias, culturas, costumbres y lenguas se respetan en condiciones de igualdad; una nación tiene un sentido de coherencia y racionalidad respecto de su presente, pasado y futuro; una nación no puede tener porciones de su territorio y su gente en estado de abandono; una nación es el resultado de un proceso deliberado de cohesión interna e identidad con sus raíces; una nación se hace cuando su propia población es capaz de “colonizar” su propio territorio (el Perú debe ser colonizado por los propios peruanos para beneficio del país). Una nación no puede, y no debe, ser gobiernado por un administrador, sino por un líder.

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