Posteado por: Esperanza Jhoncon | junio 2, 2014

¿Liderazgo Mundial?

De acuerdo con la ley de la gravedad, todo lo que sube tiene que caer tarde o temprano. Si el SXIX fue dominado por Inglaterra y el SXX por EEUU, lo más probable es que en el SXXI sea China el país predominante, según las evidencias. Para el eurocentrismo, del cual EEUU es su principal heredero, su contraparte siempre fue Oriente y éste sólo podía ser China (y no Japón) por su tamaño y peso político. El resto de regiones del mundo, el Sur colonizado y explotado, según Enrique Dussel, son no-personas. El problema para el mundo occidental es cómo aceptar un país, como China, que ha roto con el monopolio del desarrollo, no siendo democrático, sino dictatorial. En consecuencia, ambos lados del mundo tendrán que sufrir grandes cambios, cambios que deberán tener como denominador común la preservación del Planeta y nuestros ecosistemas. Estamos bastante hartos de hegemonías en el mundo. La era del “liderazgo mundial” ya está agotada, en correspondencia con la pérdida de la autoridad clásica; vale decir, ningún país está en condiciones de hacerse cargo de tal liderazgo, porque la voyante era industrial llegó a su fin, con Inglaterra primero y Estados Unidos después.

En su intento por recuperar su liderazgo mundial, Europa creo una unidad regional en base a una moneda (el euro), pero ninguna unidad puede sustentarse sin intereses políticos comunes. Por otra parte, en su intento por conservar su liderazgo en el mundo, EEUU gastó más de lo razonable de su presupuesto fiscal y se embarcó en invasiones que han dejado maltrecha su economía doméstica y destruido su voyante clase media. La pregunta es qué puede hacer China. China no puede ni está en condiciones de asumir ningún liderazgo político ni militar a nivel mundial. Tiene bastante con sus 1,370’536,875 habitantes, muchos problemas internos (protestas, revueltas, acciones separatistas, etc. que no aparecen en la prensa oficial), así como problemas de soberanía no resueltos. Así que dudo mucho que China quiera disputarle a ningún país el liderazgo del mundo.

En circunstancias en que se tambalea la monarquía europea, empezando con la abdicación del Rey Juan Carlos, las otras monarquías europeas también debieran reciclarse. Pero lo más importante de todo en este escenario político internacional es que los pueblos colonizados, esclavizados y explotados del mundo deben ver en este vacío de poder la oportunidad para plantear una estructura mundial verdaderamente democrática y justa que coloque a todos los países en igualdad de derechos. Y el punto de partida sería el replanteamiento de la ONU como organismo representativo a nivel mundial, y reemplazarlo por una Federación Mundial de Repúblicas, tal como propugnaba Immanuel Kant en “La paz perpetua”, pues las Naciones Unidas no son una organización democrática, sino que representa los poderes políticos de los vencedores de la II Guerra Mundial. La realidad concreta es que el Norte se ha igualado con el Sur, gracias a las profundas desigualdades que crea el sistema que ha dominado el mundo moderno y postmoderno: el capitalismo tecnológico. No hay vuelta atrás. Necesitamos orden mundial justo o un nuevo contrato social, al decir de Rousseau.

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