Posteado por: Esperanza Jhoncon | octubre 4, 2013

La política en cuestión

nueva-yorkLo que ocurre en la mayor potencia mundial no nos es ajeno pues América Latina está fuertemente influenciada por el llamado “estilo americano” en todas las esferas de su funcionamiento y desarrollo. Las consecuencias que se derivan de su semi-paralización afectan desde luego la economía peruana, no tanto en la proporción de hace unos años cuando EEUU era el principal comprador de los productos peruanos (porque ahora lo es China), pero sí en tanto y en cuanto modelo político estructural. Estados Unidos representa la sociedad idealizada de los pueblos latinoamericanos. El American way of life está presente en la forma de gestionar el sistema de vida latinoamericano, incluyendo el peruano. Pero no voy a abundar por ahora en este sistema de vida, sino en la situación coyuntural de Estados Unidos que expresa la ruptura de la capacidad de negociación a nivel de partidos políticos (hay que poner énfasis que negociación política no significa “repartija de cargos públicos”, como ocurrió hace poco en Perú). Claro, para el mundo latinoamericano, el Partido Demócrata y el Partido Republicano son casi lo mismo. Pero hay un matiz de diferencia que se ha acentuado últimamente en el terreno de los intereses económicos. El denominado Tea Party, una facción del Partido Republicano, ha decidido confrontar abierta y tercamente a un presidente (atípico, por cierto) que trata de cumplir una promesa electoral y beneficiar a varias decenas de millones de norteamericanos que carecen de seguro médico: el llamado Obamacare. Pero ese Tea Party representa los intereses de las grandes corporaciones farmacéuticas, seguros médicos, equipos clínicos, etc. y no quieren ver afectados esos poderosos intereses que conforman la élite económica que los republicanos del Tea Party defienden, por lo tanto se niegan a suscribir el presupuesto anual ante la “amenaza” que podría significar la reforma de salud del Partido Demócrata.

Mucho se puede especular acerca del estado de semi-parálisis o colapso parcial del estado federal por los servicios restringidos y el desempleo de cerca de un millón de funcionarios públicos. Pero lo que debe preocuparnos ante todo es que esta situación es una falla más de la política gubernamental. Si la política no funciona, ¿cómo se organiza un país? o ¿es admisible la anarquía? Nuestra mayor interrogante en los tiempos actuales es cuánto puede hacer la política para mejorar o empeorar las poblaciones o pueblos a los que debieran representar y responder. Parece que, en general, y afortunadamente, hemos superado las épocas de las dictaduras y seguidamente hemos buscado afirmarnos en la democracia como modelo político-social de desarrollo. Pero ese supuesto modelo de democracia que por años ha representado Estados Unidos de Norteamérica muestra ahora sus profundas grietas y fracturas, y lo más preocupante es que aparece de manera contundente sus altos niveles de polarización social y política. La clase media que era la estructura de soporte de la democracia americana prácticamente ha desaparecido y se ha engrosado el sector que vive del welfare o de los food stamps, como los boletos de racionamiento que existían durante la época maoísta de China y antes de la reforma económica de Deng Xiaoping.

El pueblo norteamericano está, como el pueblo peruano, realmente harto de tanta corrupción. Los denominados lobbies a nivel congresal para negociar políticamente los intereses económicos de los grupos poderosos funcionan hace muchos años en Estados Unidos. Este modelo de intercambio y negociación también funciona aquí en Perú y en muchos otros países, a espaldas de los intereses populares y las necesidades de desarrollo de la población mayoritaria. ¿Cómo cambiar la ecuación de poder? ¿Tiene que ser por la vía de la fuerza, las armas o la revolución? No parece una “solución” aceptable, pues hay casos ilustrativos donde se trata simplemente de la sustitución de personas en el poder, pero no de cambio en el sistema. El sistema político y económico, a nivel nacional e internacional, se ha consolidado y fortalecido a través de mecanismos e instrumentos impositivos, cuya legitimidad se ha logrado por medio de la elevación a la categoría internacional, pero que todo el mundo sabe que detrás de esos poderes internacionales están los invencibles grupos de poder económico, al que todos “reconocen” la capacidad de configurar “el sistema”, vale decir, el FMI, el BM, la OMC, la OCDE … Y son estos grupos de poder que con su prepotencia e intolerancia para hacer prevalecer su dominio, los que están empujando y provocando la aparición e iniciativa de grupos declaradamente anti-sistema, algunos inclusive de carácter terrorista, que dentro de poco pueden hacer cambiar la configuración social, potencialmente, primero en Estados Unidos. Quizás entonces no sea ilusorio pensar que las tesis de “El Capital” de Karl Marx se apliquen en ese país, y sería la primera vez en la historia del mundo que se materialice en un país que sí tiene recursos para distribuir y una población con un mayor nivel de desarrollo que el que tenían las experiencias comunistas de la URSS, China, Cuba y otros más. Sería un caso inédito, pero sería “el caso” sobre el cual había elaborado Marx sus teorías económicas de desarrollo. Los próximos acontecimientos definirán esta probabilidad.

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