Posteado por: Esperanza Jhoncon | julio 30, 2013

Perú y poder político mundial

Estimados Ricardo y Andrés, protesta1

Un saludo cordial a ambos y mi complacencia también que les interese estos temas, nacionales, regionales e internacionales, tan polémicos pero revelantes porque afecta nuestra vida civil y nuestras perspectivas de futuro.

Sinceramente, Andrés, yo no vería un problema semántico en el uso del término “terrorismo”. El terrorismo tiene el mismo contenido aquí y en cualquier parte, sea quienes sean los autores del mismo: sea un grupo o sea un estado. El propósito del terrorismo local, nacional o mundial, es producir un situación de parálisis en la población afectada y, frente a ese estado de shock, bloqueo o estancamiento, disputar el poder a quienes lo detentan. Por lo tanto, el terrorismo es un método político o parapolítico o paramilitar, como quiera llamarse, pero el propósito es siempre político. El terrorismo que surgió con SL fue el resultado de una división de la izquierda: entre aquellos que abogaban por acceder al poder por cauces democráticos, vía elecciones generales, y aquellos que despreciaban esa vía por considerarla “burguesa” y contraria a los principios dogmáticos de Marx, Lenin y Mao. Aunque no nos guste, debemos admitir que ese movimiento senderista (con “bandera roja”) se gestó en nuestra casa de estudios: San Marcos. Para ellos, había llegado el momento de “hacer la revolución” y tomar el poder del campo a la ciudad, según el libro rojo de Mao. Para ello, se fueron introduciendo en las comunidades, poblados, cooperativas campesinas para “concientizar” a la población, ganar adeptos y abastecerse de recursos alimenticios, armamento, ropa, etc. de la población. A quienes se negaban, los mataban, como ellos decían: “como perros” para que la población escarmiente. A su paso por Ayacucho, Huancavelica, Cuzco, Puno, Apurimac, etc. iban cometiendo toda clase de atrocidades y dejando una terrible huella de sangre y muerte. Ése era SL! Las 25 mil vidas humanas y las cuantiosas pérdidas materiales y destrucción no deben ser olvidadas. Como reza un proverbio chino: “Quien olvida su pasado, corre el peligro de repetirlo”. Pero no olvidar, no significa quedarse fijado al pasado. Tenemos que superarlo para ser capaces de afrontar nuevos retos. Y en eso estamos en este país, aunque con qué enorme dificultad se puede alcanzar el consenso, el acuerdo, la unidad de criterio y pensamiento. Es hora ya que se supere ese prejuicio que dice que “el peor enemigo de un peruano es otro peruano”.

En el actual contexto mundial, el Perú tiene una oportunidad de desarrollo, siempre que los políticos sean capaces de hacer bien las cosas, siempre que se depongan los intereses partidarios, siempre que se actúe de manera integradora, sin racismo ni discriminación y siempre que los políticos y los técnicos confluyan en el bien común.

Pero no nos engañemos, no vamos a alcanzar el desarrollo de los países industrializados ni el de los países emergentes que conforman el BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). A excepción de Brasil (más por su tamaño poblacional que por el volumen de su deuda), los países latinoamericanos arrastramos una injusta y voluminosa deuda con nuestros antiguos colonizadores por lo que seguimos pagando los intereses de tal deuda, por un lado, y porque no hemos sido capaces de desarrollar un mercado interno junto a un tejido social y económico autosuficiente, por otro. Es decir, todos nuestros países pertenecen a una economía dependiente del comercio exterior, con Estados Unidos como nuestro principal comprador (empieza a ser desplazado por China), los países de la Unión Europea y Japón.

En efecto, como alude Andrés, Estados Unidos mantiene el liderazgo mundial, a nivel político, militar y cultural (el económico se lo está disputando China). No hay en el mundo, después de la II Guerra Mundial, ninguna fuerza capaz de oponerse a Estados Unidos. Esta potencia tiene controlado todo el Planeta en los puntos más estratégicos y determinantes de cada región. Nadie tiene el poderío tecnológico militar que ha alcanzado Estados Unidos (aunque Japón tiene una alta tecnología militar para instrumentos específicos), pero sobre todo tiene la férrea voluntad de mantenerse en el liderazgo mundial, mientras que a China no le interesa. Estados Unidos ha intentado por todos los medios posibles que China ocupe el lugar dejado por la ex URSS porque un mundo bipolar le generaba ventajas en el plano internacional y doméstico (“mantengámonos unidos porque el comunismo puede devorarnos”; “los rusos tienen muchas ojivas nucleares apuntando nuestro territorio americano” …). Pero la dirigencia china considera que ya tiene bastante responsabilidad con ocuparse de la quinta parte de la población mundial y es muy consciente de su desconocimiento de otras culturas que no sea la suya propia. Así que sólo aspiran a convertirse en la primera potencia económica y comercial del mundo (hoy es la segunda, detrás de Estados Unidos).

En nuestro país, no hay ninguna revolución militar que hacer. Si hay un país en el mundo que cumpla con las condiciones propicias para una revolución al decir de Marx, ése país es el propio Estados Unidos. Hace menos de dos años he vuelto a visitarlo (hice mi maestría hace años en Berkeley, SF, California). La voyante clase media que en mis tiempos de estudiante había, prácticamente ha desaparecido. La clase media es el fundamento de la democracia y el “colchón” que impide el enfrentamiento entre ricos y desposeídos, entre burguesía y proletariado, en términos marxistas. El estado-benefactor instaurado por Roosevelt se está resquebrajando. Recientemente, Carolina del Norte ha promulgado una resolución poniendo topes a la subvención que otorga el estado a los desempleados. La otrora voyante ciudad de Detroit acaba de declararse ¡en quiebra! Desde hace dos años atrás, las plantas automotrices como Chrysler, Ford, Dodge, VW, etc. empezaron a minimizar sus operaciones y cientos de miles de obreros y técnicos han tenido que abandonar la ciudad en busca de empleo en otros estados. Detroit tenía dos millones de contribuyentes, ahora sólo tiene una población de 700 mil, de los cuales sólo el 42% paga impuestos. De allí la quiebra. Si otra ciudad o estado se declara en quiebra, la administración Washington se verá en graves problemas. El desempleo sigue creciendo, a pesar de los esfuerzos de Obama. Los movimientos de los indignados volverán a resurgir, porque, es cierto, el 3% de la población es propietaria del 78% de la riqueza norteamericana (claro, los indignados dicen es 1% contra 99%). De cualquier modo, aquí está evidentemente la desigualdad. Y esta desigualdad proviene de la política neoliberal, cuyas principales medidas son el equilibrio fiscal y el ajuste recesivo. Esta política ha beneficiado a ese 3% de ricos, dueños de las mayores corporaciones, conglomerados y multinacionales. El resto de la población se ha visto afectada desde comienzos de la década 90 cuando empezaron los “merger”, es decir, cuando se fusionaban conjuntos de empresas para reducir sus costos de producción y de gestión (así por ejemplo ya no necesitaban tantos contadores o auxiliares de contabilidad, sino sólo uno, su ayudante y un buen programa informático, el resto de personal: a la calle). Hoy en día, en Estados Unidos, todo el mundo es “free lance”, es decir, toma lo que se le presenta y de manera temporal.

Estados Unidos ha gastado (ellos le dicen que es inversión de capital) en desarrollo de armas, en ocupación y desplazamiento militar, en instalaciones satélites estratégicas, en viajes y exploraciones espaciales, en costosos programas de espionaje y desde luego en invasiones a otros países. Y este gasto le está pasando factura (China sigue comprando bonos del tesoro norteamericano: hasta ahora ha comprado 900 mil millones de dólares), su deuda fiscal es prácticamente impagable y la crisis interna se hace cada vez más aguda y conflictiva. ¿Qué vendrá después? El pueblo norteamericano, a pesar de la extraordinaria solidez del sistema, será el protagonista de lo que ocurra más adelante. (Bradley Manning y Edward Snowden son ahora los “punta de lanza”).

Éste es nuestro panorama, dicho de manera resumida. No está pues clara la correlación de fuerzas políticas. Estamos, a mi juicio en una etapa de transición. Opino que el capitalismo todavía tiene aliento. Como digo en mi blog: https://clavesparaenigmas.wordpress.com del capitalismo industrial hemos pasado al capitalismo tecnológico. Y mientras el capitalismo se no haya agotado, no se puede esperar (o aspirar) a otro sistema. Un sistema económico-político no se instaura por decreto (como sí es posible en China), sino por agotamiento del sistema acompañado de la libre acción de los pueblos, que son en última instancia los que deciden el destino de los países y el mundo entero.

Apreciaré cualquier comentario que tengan a bien hacerme llegar: Bienvenidos sean …

Un abrazo,

Esperanza

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