Posteado por: Esperanza Jhoncon | mayo 7, 2012

¿Vivimos un mundo más pacífico?

Steven Pinker, psicólogo y profesor de la U. de Harvard, sostiene categóricamente (Current History, “¿Por qué el mundo es más pacífico”, enero 2012) que la violencia en el mundo de hoy es un mito, pues la violencia ha disminuido significativamente desde la Declaración Universal de los DDHH en 1948. Este autor afirma que nunca antes en la historia de la especie humana se ha vivido un estado de paz como el que estamos atravesando y atribuye esta condición a una serie de factores, tales como:

  • La mayor incorporación de las naciones a las organizaciones internacionales.
  • La consolidación del monopolio del uso de la fuerza y un sistema judicial centralizado.
  • La capacidad del ser humano, según Abraham Lincoln, de poner en juego “los mejores ángeles de nuestra naturaleza”.
  • El desarrollo de la educación y por ende el incremento de la capacidad de autocontrol.
  • El desarrollo del comercio y las interacciones económicas donde todos pueden ganar o beneficiarse (Pinker pone como ejemplo los casos de China y Vietnam, donde “ocurren menos muertes desde que se han transformado de gobiernos autoritarios comunistas a autoritarios capitalistas”).
  • El factor femenino, es decir, el proceso de “feminización” ha traído como consecuencia un creciente respeto por los intereses y valores de la mujer en las diferentes culturas.
  • El factor de las fuerzas del “cosmopolitanismo” que incluyen el desarrollo intelectual, la movilidad o los desplazamientos migratorios, los medios de comunicación masiva, la urbanización, etc.
  • El factor de la razón, vale decir, el poder del conocimiento y una mayor racionalidad en asuntos humanos.

Por lo demás, Pinker subraya que “el declive de la violencia puede ser el desarrollo más significativo y menos apreciado en la historia de nuestra especie” y que “sus implicancias tocan el centro de nuestras creencias y valores … (Ibid, p. 38).

En mi opinión hay varios aspectos y planos que deben ser tomados en cuenta en la tesis de Pinker:

  1. Tal parece que el análisis de Pinker tiene como contexto, por una parte, las condiciones posteriores a la Guerra Fría donde sólo por un breve período de tiempo Estados Unidos de Norteamérica aparece como la única superpotencia vencedora de esta guerra (la prensa norteamericana presentó a dicho país como “el vencedor” de la prolongada Guerra Fría cuando el desenlace de ésta se trataba propiamente del derrumbe y la fragmentación de la Unión Soviética). Por otra parte, y en consecuencia, Pinker ubica el escenario de un mundo pacífico en la esfera de las relaciones internacionales, particularmente en el contexto de los países desarrollados, industrializados y/o tecnologizados, y excluye al resto de países y regiones en conflicto.
  2. En el marco de la supuesta hegemonía unipolar de Estados Unidos de Norteamérica, este país emprende varias incursiones militares o invasiones de territorio extranjero, siendo los más notables los casos de Irak y Afganistán (el mismo que hasta hoy pervive). Toda nación debe tener muy en claro, por principio del derecho internacional de soberanía, que cualquier invasión es sin lugar a dudas un acto de violencia sobre una población determinada en condiciones desiguales, sea en el nivel militar, tecnológico o cultural.
  3. En lo particular, yo añadiría que los gobernantes y las naciones en general son ciertamente muy conscientes, ahora más que nunca, de la potencialidad destructiva que han alcanzado las actuales armas convencionales y no convencionales. Por lo tanto, no es difícil deducir que el empleo de un arma nuclear a nivel bilateral o multilateral, desencadenaría simplemente una hecatombe planetaria. Esta violencia latente, subterránea u oculta continúa existiendo bajo la forma de amenaza bélica.
  4. La tesis de Steven Pinker que discurre del análisis acerca de la naturaleza biológica del individuo al análisis acerca de las tendencias históricas globales es perfectamente válida en sociedades que, como bien señala el autor, han alcanzado un nivel de desarrollo y bienestar más o menos homogéneo, donde la brecha de desigualdad educativa, económica y cultural se ha logrado reducir, permitiendo así un mejor manejo o control de los factores de desequilibrio y desorganización. Pero en los países no desarrollados y los países emergentes, las desigualdades económicas son notables y el acceso a las oportunidades de desarrollo no son ni mucho menos equitativas. En consecuencia, bien sabemos que estos desequilibrios en el desarrollo son el caldo de cultivo para hacer estallar acciones de violencia social y política. (Hoy, inclusive, los países considerados desarrollados están experimentando una creciente reducción de su clase media, lo cual es altamente crítico).
  5. En el plano doméstico, familiar y de la colectividad local, los registros de actos de violencia están más bien en ascenso. Maltrato a la pareja, a los hijos, a los padres, a los ancianos, bullying en las escuelas, violaciones y asesinatos son noticia de todos los días en una u otra sociedad.
  6. A quienes nos ubicamos en el terreno de las relaciones humanas, nos debiera preocupar la coacción de la agresividad como impulso motor de transformación, creación y cambio. Como he expresado en otro(s) ensayo(s), cero agresividad, también es indicativo de cero progreso e innovación, puesto que la agresividad tiene su lado positivo-constructivo y su lado negativo-destructivo. El exceso de agresividad conduce claramente a la violencia, es decir, a la falta de límites o a la violación de los derechos de otras personas. Pero la laxitud o la pasividad no es otra cosa que la expresión de parálisis o estancamiento. El punto clave es saber dosificar y canalizar los niveles adecuados de agresividad para generar situaciones de progreso y cambio.

La paz perpertua al decir de Kant no existe, tampoco existe ya el estado permanente de guerra, como “estado natural” en el contexto que a él le tocó vivir. De manera que efectivamente hemos avanzado en las regulaciones jurídico-internacionales que inhiben la posibilidad de desembocar fácilmente en conflictos armados. La mayoría de las fuerzas armadas de los distintos países se han tenido que reciclar, profesionalizar y tecnificar, de manera que el peso de la calidad se impone sobre la cantidad de armamentos y efectivos militares.

El contenido del concepto de paz tanto como el que se refiere al concepto de felicidad están sujetos a la temporalidad, vale decir, varían según las fuerzas que los componen y el movimiento de interacción que se produce. Son por tanto situaciones muy vulnerables en cuanto a su durabilidad y permanencia.

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