Posteado por: Esperanza Jhoncon | mayo 6, 2012

El factor psicológico en la violencia política

Resumen

El Perú, al igual que muchos otros países que no llegaron en su momento a convertirse en Estado-Nación, es decir a integrarse en un eje nacional, es una de las muestras más claras de permanente crisis política, violencia política, colapso político, desorganización política. En reiteradas oportunidades los políticos han hecho creer a la población que se está atravesando por una crisis económica, cuando tendríamos que preguntarnos ¿cómo puede producirse crisis económica en un territorio demostrablemente rico en recursos naturales a nivel de su suelo y subsuelo? ¿No sería más correcto hablar de incapacidad de los políticos para manejar acertadamente y en bien de la población esos recursos y por tanto haber materializado la gran oportunidad –ya ausente– de convertir el país en uno industrializado? Definitivamente, aquí postulamos que el comportamiento político de los encargados de hacer política es cada vez más violento, aquí y en muchas partes del mundo, por muchas razones: los apetitos de poder, los altos niveles de corrupción, el desgaste de la función del estado, el debilitamiento de la institucionalidad nacional e internacional, la incapacidad de las entidades jurídico-militares para controlar las agrupaciones que han adquirido una acentuada práctica violentista, como los grupos terroristas, los narcotraficantes y las variadas organizaciones delictivas, la carencia de valores éticos, etc. Pero nuestro propósito no es limitarnos a los análisis sociológicos de la violencia política, sino desentrañar que la génesis de este fenómeno radica en la propia condición humana, la cual con la actual fragilidad del marco jurídico que diera origen a la civilización, expone dos de sus instintos más brutalmente conflictivos: el instinto de agresión y el instinto de posesión. Simultáneamente, esta exposición es una invitación para que los especialistas en ciencias humanas sean capaces de trabajar métodos acertados para regular las relaciones humanas en los distintos planos de la vida en común. Éste es en realidad nuestro mayor desafío.

Antecedentes

La historia de la humanidad es la historia de la lucha por adquirir niveles adecuados de desarrollo económico bienestar o confort; es por ello que ha incidido desmesuradamente sobre la Naturaleza para convertir los recursos naturales o materia prima en productos manufacturados (industrialización), e igualmente, con el extraordinario desarrollo tecnológico, “aligerar” la carga de trabajo de la especie humana por medio de la electrónica, la digitalización, la robótica, y de esta forma satisfacer así el “sueño” nunca suficientemente confesado de ociosidad, pues la tecnología facilita los procesos y provee velocidad de resultados.

Freud explicaba los avances de la ciencia y el desarrollo humano gracias al proceso psíquico de sublimación de la que son capaces quienes pueden deponer la libido a metas altruistas y logros científicos. Sin embargo, en las postrimerías de su trabajo intelectual (1923) descubrió con dificultad que era posible un “instinto de muerte” (Freud no pudo desafortunadamente elaborar dicho instinto con la especificidad que hubiera sido deseable), el cual consideró como un sucedáneo del instinto de destrucción (Freud explícitamente equiparaba el instinto de destrucción con el de agresión. V. “Obras completas”, Tomo III, Biblioteca Nueva, 4ta. Edición, 1981, p. 3211, en carta de respuesta a Einstein acerca del por qué de la guerra, 1932 ), cuya misión, al decir de Freud, era “hacer retornar todo lo orgánico animado al estado inanimado”.

Probablemente la mayor objeción que pudiéramos hacer al trabajo de Freud es haber supuesto que la especie humana tenía como principal objetivo de vida alcanzar el estado de felicidad por la vía de la plena satisfacción sexual y evitar asimismo el sufrimiento, cuando en realidad constatamos a través de la historia que la humanidad se ha orientado hacia alcanzar niveles cada vez más altos de bienestar por medio de la satisfacción de sus necesidades de desarrollo, poniendo para ello en juego todas sus capacidades de acción, las mismas que están sustentadas en diversos grados impulso agresivo que pugnan por lanzarse a la cristalización de los numerosos desafíos que se le presentan. En tal sentido, altos grados de agresividad dan lugar a reacciones y actos violentos, ataques, asaltos, destrucción y muerte, pero sobre todo a un comportamiento social al margen del derecho y las normas básicas de convivencia. En contraposición, grados moderados de agresividad dan como resultado acciones de transformación o conversión de un estado de cosas a otro, como el domeñar la Naturaleza y utilizarla a favor propio o de la colectividad. (El proceso de industrialización de los países que alcanzaron este nivel de desarrollo no es más que la expresión directa de la agresividad sobre el medio ambiente, incluyendo la agresión sobre las personas, vale decir, la explotación del hombre por el hombre para conseguir plusvalía y capital). ¿Cuál es entonces el concepto de “felicidad”? ¿Este estado emocional no dependerá del contexto social e histórico en el que se desarrolla la humanidad?

Nuestro punto de partida se aproxima más a aquél referido por Immanuel Kant (“Perpetual Peace”), quien sostiene que el estado natural del hombre es la guerra, las amenazas y las hostilidades. La humanidad se inicia con el estado así llamado de barbarie, y es la civilización: la ley universal de los hombres, los medios coercitivos, la religión, la educación y, en general, la organización de la vida y la sociedad, los frenos que ponen límite a los instintos de agresión y de posesión o apropiación de lo ajeno o que se encuentra “disponible” en el entorno físico. Nuevamente entonces aparece la pregunta: ¿la agresión o las variadas formas de violencia generan placer y a este estado podemos llamar “felicidad”?

Explicaciones acerca de las raíces de la violencia

La violencia política es sólo en apariencia un fenómeno relacionado con los fracasos del estado para mantener el control del poder, al dejar supuestamente espacio para los movimientos de protesta social y las acciones de enfrentamiento contra el orden establecido, tal como sostienen generalmente los historiadores, sociólogos, economistas y antropólogos. Actos de evidente violencia política como los que se refieren a las diferentes acciones terroristas que han acontecido alrededor del mundo son atribuidos a agrupaciones que pretenden destruir el régimen de poder formal o restarle la legitimidad que poseen con el claro afán de disputar, o al menos cuestionar, dicho poder (Todas las guerras y las disputas territoriales –desde el origen de la historia– han sido básicamente explicadas como una confrontación o lucha de poder). No obstante, estas explicaciones se basan en análisis que toman únicamente en cuenta el carácter sociológico del fenómeno, mientras que nuestro propósito es enfatizar la naturaleza psicológica que subyace a la violencia política. Cabe en consecuencia señalar que poco se ha descrito acerca de los dos instintos [driving forces] que acompañan a la naturaleza humana desde su nacimiento y el comienzo de la historia de la humanidad: el instinto de agresión tanto como el instinto de posesión. Ambos, a nuestro juicio, son los responsables del estado de cosas al que la humanidad ha llegado.

Enfoque multidimensional

Así como aspiramos a que prevalezca un enfoque multidimensional de estudio de los fenómenos sociales, políticos, culturales, etc., también debemos evitar el empleo de métodos sesgados, dogmáticos y fragmentarios. Recurrimos en tal sentido a métodos variados como el método psicoanalítico, al evaluar los procesos psíquicos de canalización de los instintos y el empleo de los mecanismos de defensa, en este caso, los de racionalización, compensación, proyección y sublimación. Igualmente echamos mano del método conductual de referir el comportamiento como resultado del efecto estímulo-organismo-respuesta (E-O-R). Se recurre también al análisis de las dicotomías, sobre la base del principio taoísta universal del Yin-Yang, el equilibrio de fuerzas, el juego dinámico entre la actividad-pasividad, acción-reposo y el contraste entre el egoísmo y la solidaridad, para el caso específico del instinto de posesión. Es, en buena cuenta, un análisis discursivo y dinámico que contempla una amplia óptica de los aspectos que involucran la violencia política y el comportamiento humano en general.

Planteamiento de estudio

La correlación de variables como procedimiento de análisis nos lleva a reconocer que hay fuerzas que contrarrestan la violencia y otras que las favorecen. Deducimos por lo tanto que el estado de paz en el mundo es frágil y volátil, vale decir, el equilibrio de fuerzas no es permanente, más aun cuando la globalización ha determinado que lo que ocurra en un determinado país no sea ajeno al resto de países.
El papel de los derechos humanos resuelve sólo parcialmente –o mitiga, eventualmente– los abusos y la violencia política y de todo orden. El derecho, que debiera sujetar los excesos de naturaleza instintiva de la especie humana, opera y se expresa con mayor lentitud que los incontrolables impulsos agresivos y posesivos, creando una grave situación de inestabilidad en un mundo donde la unión o la comunidad de intereses es cada vez más escasa.

El impulso agresivo aparece como una “necesidad” biológica, cuyas manifestaciones no siempre son abiertas, sino soterradas, como los chistes, la burla, el sarcasmo, el “doble sentido”. La agresión, en la medida de llevar a cabo una acción benéfica o favorable para el propio individuo o su entorno, es deseable: pero el límite se quiebra si se transgreden los espacios e intereses de otros individuos o grupos sociales. Los psicólogos particularmente somos agudos testigos de que muchas veces el objeto de la agresión, es decir, el agredido puede revertir el estado de víctima y convertirse en un potente agresor, de manera que hay un juego amplio, diverso e ilimitado de opciones de respuesta. Situaciones como ésta ha permitido que en ciertos países, según la Organización Panamericana de la Salud, la violencia política sea considerada como un problema de salud pública.

El deseo, impulso o instinto de posesión aparece muy tempranamente en la vida del ser humano. “Esto es mío” es la expresión que sigue a nombrar “mamá”, a quien además el niño siente como su pertenencia. Una de las primeras leyes que la civilización sacó a la luz tenía precisamente como propósito contener la apropiación ajena o ilícita de los grupos armados o agresivos.

Aunque los parámetros no son necesariamente similares, los psicólogos debemos ser capaces de, así como evaluamos los procesos de maduración del individuo, también evaluar el movimiento social, político y cultural de cualquier sociedad y del mundo en general.

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