Posteado por: Esperanza Jhoncon | diciembre 15, 2011

Nueva Psicología (Correspondencia 2)

Estimados colegas,

En secuencia de nuestro intercambio previo de ideas y en relación a lo ya expresado en mi blog https://clavesparaenigmas.wordpress.com acerca de las perspectivas de la psicología en el presente siglo, me permito insistir sobre la importancia de hacer un trabajo colectivo para replantear las bases sobre las que se asienta la psicología a través de distintos mecanismos, como pueden ser la creación de un foro (en idioma español), similar al que tienen los angloparlantes a través de “TED”, la creación de una institución u ONG para el avance y actualización de la psicología, la construcción de una página web ad hoc para que los colegas expresen libremente sus puntos de vista, y éstos sean sintetizados para adecuarlos a la realidad peruana en particular y latinoamericana en general, así como cualquier otro mecanismo válido para interactuar de manera eficaz y provocar un cambio en nuestras primigenias concepciones de trabajo. Está cada vez más claro que debemos ser capaces de ponernos a la altura de las transformaciones que ha experimentado el mundo de hoy. El mundo en que vivimos está dominado por el extraordinario avance de la tecnología, de manera que este nuevo contexto demanda también una nueva psicología; una que responda a las necesidades del desarrollo postmoderno que ha puesto en cuestión las categorías y estructuras que antes aprendimos en las aulas universitarias y pusimos en práctica en nuestro ejercicio profesional. Esta necesidad no es “futurista”. Hoy, el contexto que tenemos ante nuestros ojos se resiste a limitarnos a la publicación de libros, ensayos y artículos, porque el mundo está ya dominado y sobrevalora las imágenes, las técnicas audiovisuales, la comunicación breve, concisa y simple a través de las redes sociales. No es en el futuro que tenemos que cambiar nuestras concepciones y métodos de trabajo. Es ahora que necesitamos replantearlos. Entre otros:

(1) Los cuadros psicopatológicos que trabajamos como categorías patognomónicas de síntomas psiquiátricos deben ser revisados. Por ejemplo, los rasgos psicopáticos que eran resultado de situaciones de abandono, de pérdida o ausencia de esquemas morales, de carencia de sentimientos de culpa, etc. se están convirtiendo en una tendencia generalizada (estadísticamente “normal”), precisamente porque nuestras poblaciones viven situaciones críticas de vulnerabilidad e inestabilidad permanente. Me atrevo a ubicar el arranque de esa “expansión psicopática” cuando a fines de los 80′ y comienzos de los 90′ del siglo pasado, un jurado norteamericano declaraba públicamente como “inocente” de asesinato al ex-jugador de football americano: O.J. Simpson, a pesar que todos los indicios lo acusaban de haber sido el autor de la muerte de su esposa; pero los norteamericanos no fueron capaces de “condenar” a un “héroe popular” entre las masas norteamericanas. La sociedad norteamericana se hizo ostensiblemente cínica y abiertamente descarada; hoy inclusive mienten con mucha facilidad, ¿dónde quedó su “moralismo”?

(2) Las pruebas psicológicas que siempre hemos manejado se están convirtiendo en instrumentos obsoletos para los propósitos para los que fueron diseñados. Las interpretaciones psicológicas que de ellas se desprenden ya no encajan con el mundo postmoderno y están perdido confiabilidad. Es más, están incluso en manos de personas que se dedican al esoterismo. De allí que sostengo que debemos desagregar las manifestaciones de conducta y elaborar perfiles de comportamiento que respondan a los parámetros actuales, las necesidades y proyecciones del quehacer humano.

(3) Las categorías sociológicas tan importantes, como la clase social o los niveles socioeconómicos, se tienen también que replantear (no necesariamente desechar). El poblador común (ahora se dice, más bien, “usuario”) ya no puede fácilmente tipificarse como perteneciente a una clase social (los movimientos de los llamados “indignados” en los diferentes países de Europa y en Estados Unidos, a causa de su protesta y rechazo al sistema financiero mundial, se califican a sí mismos como pertenecientes al 99%; ellos dicen: “somos el 99%” y el 1% lo conforman las grandes corporaciones y sistemas financieros internacionales). Cuando en todas las sociedades del mundo (especialmente, occidental) se asiste a una rápida destrucción de lo que conformaba la clase media, la misma que aseguraba su condición como tal con un empleo adecuadamente remunerado, y en su lugar aparece masivamente el autoempleo como forma de obtención de medios económicos para la supervivencia y desarrollo, podemos afirmar con certeza que la era de la industrialización ya ha llegado definitivamente a su fin, y que la era tecnológica necesita otros parámetros de medición y desarrollo del género humano.

(4) Un ejemplo de cómo nuestras antiguas concepciones están literalmente chocando con el mundo dominado por la tecnología es atribuir la dependencia a los juegos por computadora o juegos on line como parte del grupo de “adicciones”. En mi blog he citado a Seth Priebatsch, quien sostiene que la dinámica de los juegos on line o por computadora están en proceso de conformar una estructura social de aprendizaje, de puesta en juego de capacidades, habilidades y talentos para enfrentar situaciones simples y complejas, y desafiar retos y problemas para resolverlos. Estos juegos están invadiendo el mundo real porque tienen la virtud de ser atractivos para simular distintas situaciones que pueden ser replicadas en la vida real o que se reproducen en el entorno más inmediato. Es como vivir “experiencias en espejo”. Priebatsh afirma que estos juegos o simulaciones por computadora van a tener un importante impacto en el terreno de la educación y el comercio.

(5) La división de la psicología por especialidades: clínica, educativa, organizacional, social y comunitaria está llegando a su fin. Tal separación correspondía a la ya agotada era industrial. La era tecnológica nos exige psicólogos integrativos, capaces de sintetizar las distintas corrientes de pensamiento en métodos simples, accesibles y de fácil difusión. Nada ganamos con los enfoques exclusivos y excluyentes, más bien, perdemos, porque hoy se demanda la perspectiva global, porque estamos cada vez más interconectados, no sólo intrapsicológicamente sino interdisciplinariamente. La interdependencia es tal que las fronteras entre una disciplina y otra se están borrando. No podemos ingresar información (o “alimentar”) un programa de computación sólo con datos clínicos, también se requiere información educativa, laboral, étnica o antropológica, médica y odontológica, económica y financiera, etc. Es tiempo ya de dejar de trabajar sesgadamente. Los tests psicológicos habrán de ser sustituidos por programas de computación, pero no en el futuro sino ahora, y ¡ya!

(6) A mi juicio, los psicólogos hemos trabajado muy poco en lo que se refiere a la regulación de las relaciones humanas. La política, en términos de ejercicio público de los intereses y necesidades de la población, está entrampada en un discurso vacío de orientación. Las clásicas y dogmáticas ideologías de antaño no van a llenar ese vacío. Los políticos de hoy se ponen una etiqueta diferente pero dicen lo mismo que su supuesto opositor. ¿Qué está pasando? Está pasando que existe un grave problema de interrelación humana, de diálogo (todo es diálogo de sordos), de capacidad para ponerse en el marco de referencia de la otra persona, de egocentrismo y narcisismo. A mi entender, la historia del Perú no ha sufrido crisis económicas (¿cómo se va a sufrir crisis económica un país rico en recursos naturales?), pero ha sufrido y sigue sufriendo crisis políticas, porque las personas que hacen política no saben interactuar en beneficio de una causa común, se han habituado a convivir y manejarse en medio de la crisis política. Por eso a pesar de los cerca de 200 años de república, seguimos en lo mismo: exportando materias primas, porque los políticos nunca fueron capaces de ponerse de acuerdo para el desarrollo, el avance, el progreso de toda la población de este país y, así, perdimos la carrera por la industrialización del país. Aquí hay un reto extraordinariamente importante para la psicología. Este rol no puede, ni debe, ser evadido por más tiempo.

Lo que antecede son algunos ejemplos para reflexionar acerca de nuestra profesión, una profesión que alguna vez se llamó “la carrera del futuro”. Pero, señores, el futuro ya ha llegado, ya está aquí ante nuestros ojos, y tenemos que ser capaces de aportar a este mundo que el próximo año, 2012, se presenta como increíblemente difícil y complicado tanto en la esfera nacional como internacional.

Maria Esperanza Jhoncon
CPP 119

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