Posteado por: Esperanza Jhoncon | diciembre 4, 2011

PSICOLOGIA SXXI

PERSPECTIVAS DE LA PSICOLOGIA EN EL SXXI

¿Cómo se inserta la psicología en este siglo iniciado hace poco más de una década?

Empecemos por los antecedentes históricos que gestan su aparición. La psicología surge como resultado de la super especialización que demandaba el intenso proceso de industrialización de la economía de los países desarrollados. La psicología se desprende de la psiquiatría para formar una especialidad independiente, con el mismo nivel de autonomía, confiabilidad y consistencia que la sociología, la antropología, las ciencias políticas, la economía y otras especialidades más. Hacia fines de la década del 60 del siglo pasado, la psicología ya era considerada “la ciencia del futuro”, en mérito a la expectativa que tenía la comunidad científica para resolver los problemas humanos derivados del estereotipo formado por la relación “hombre–máquina”. Vale decir que se reconocía el efecto de automatización al cual estaban sometidos los sectores de trabajadores, sean obreros o empleados, para cumplir con unos estrictos estándares de control de la producción, los mismos que hacían posible generar la mercancía, objeto del comercio a gran escala. Las fábricas industriales debían entonces contar con psicólogos y asistentas sociales que tenían como objetivo aliviar o mitigar el estrés que la mecanización acarreaba durante las largas horas laborales dedicadas al manejo y control de alguna máquina específica de producción.

Al lado de la estandarización de los procesos productivos con el propósito de hacerlos altamente eficientes, la psicología en sus varias sub–especialidades también se dedicó a estandarizar los comportamientos o las respuestas de los sujetos considerados objeto de estudio, con la finalidad de generalizar los resultados obtenidos. Aparecieron así los llamados tests o pruebas psicológicas destinadas a medir las respuestas de los individuos y agruparlas de acuerdo con determinadas categorías y/o perfiles de respuestas que configuraban a su vez a ciertos rasgos patognomónicos, los cuales tenían el propósito de coadyuvar el trabajo de la elaboración de diagnósticos psicológicos.

Desde luego que esta metodología para afrontar los problemas psicológicos de distinto orden no se ha aplicado ―ni se aplica― de manera uniforme por todos los psicólogos, pues la psicología jamás se ha expresado ni ha operado como una representación unitaria y homogénea. Más bien, ha creado espacios de confrontación y disputa por la validez de sus métodos y procedimientos para abordar los problemas humanos. Las diversas escuelas, sub–escuelas, corrientes teóricas y tendencias de pensamiento son la manifestación heterogénea de una humanidad también heterogénea.

Actualmente esas diferencias de enfoque no dan lugar a mayores discusiones; no obstante, así como la medicina tiene sus corrientes alternativas, la psicología también ha ampliado su campo de acción con otros abordajes, algunos de ellos incluso con combinaciones esotéricas.  Pero, ¿por qué ese debate teórico en la psicología se agotó o, cuando menos, se debilitó hasta hacerse imperceptible?  Precisamente porque la era de la industrialización entró en franco declive en Occidente y más bien se desplazó a Oriente. Se podría afirmar que las antiguas potencias industriales occidentales están intentando reemplazar el capitalismo industrial por el capitalismo tecnológico, mientras que los países asiáticos son ahora los mayores representantes del capitalismo industrial mercantilista. Son los que exportan productos de toda índole, marcas y calidades diferentes al resto del mundo. Las economías desarrolladas de Europa y Estados Unidos de Norteamérica hace algo más de dos años que se encuentran en una profunda recesión económica. No son capaces de generar ventas y, por consiguiente, no hay consumo interno. No hay movimiento de capitales debido a los altos costos de inversión en dichas economías.

Es en este marco que nos preguntamos si ¿la psicología tiene que revisar los fundamentos sobre los cuales se levantó como disciplina autónoma? Nos preguntamos también si la psicología ¿será capaz de replantear su enfoque y esquema de trabajo para ponerlos en concordancia con los cambios derivados de la enorme transformación tecnológica? En el actual contexto, ¿cuál sería el espacio que debe ocupar la psicología en este siglo?

A pesar de que Steven Pinker sostiene que ésta es la época más pacífica que el mundo y la humanidad ha vivido a lo largo de toda su historia; sin embargo, hay que temer la inferencia de este investigador por dos razones que a mi parecer son completamente válidas. Una, que entonces y de acuerdo con la teoría del Yin y Yang, lo que sigue es necesariamente una época tormentosa como resultado de la alternancia entre el Yin y el Yang, y dos, que el dicho popular referido a que “la calma precede a la tormenta” se cumple en todos los casos porque las fuerzas de los fenómenos (naturales o de otro tipo) no desaparecen sino que entran en estado, por decir así, de latencia o en un “compás de espera” hasta que las condiciones faciliten un nuevo despliegue. Por consiguiente, queda claro que definitivamente vivimos una etapa de transición hacia otro estado. Se trata de una transición donde actualmente ya hay señales evidentes que indican que las instituciones que han caracterizado las estructuras de poder se están desdibujado (el estado nacional, el sistema jurídico, el sistema financiero, el sistema educativo, la familia y toda la organización social global está colapsando), la humanidad está sometida a constantes amenazas potenciales que exponen al peligro su seguridad y la paz mundial, el planeta está en peligro de extinción no sólo por los dramáticos cambios climáticos que ya experimentamos sino por otros fenómenos planetarios o galácticos que ponen en riesgo nuestro planeta Tierra. Vivimos en buena cuenta una situación extremadamente vulnerable, cuyo desenlace no es fácilmente previsible.

Como resultado de este panorama incierto, las conocidas disciplinas teóricas que han dominado las últimas décadas el quehacer profesional y académico han perdido también sus contornos definidos, así como las fronteras que separaban una especialidad de otra. Hoy más que nunca y por efecto de la transición a la que me estoy refiriendo no son capaces de actuar con la relativa autonomía que lo hacían. La interdependencia de una disciplina con otra se ha hecho cada vez más ostensible. Han desaparecido los límites de división por especialidad y ninguna es capaz por sí sola de establecer las prioridades de desarrollo global. La formación de equipos multidisciplinarios se presenta entonces como una necesidad imperiosa, pero para ello cada disciplina requiere haberse reciclado o haber avanzado lo suficiente en sus campos individuales de especialización, así como también es necesaria la disposición para compartir información, conocimientos y experiencias; tarea que por lo demás hace indispensable la constitución de un foro o una institución global competente y autorizada capaz de liderar la dinámica de los cambios, articular los planteamientos en un cuerpo de ideas consistente y hacer propuestas sobre cómo enfrentar soluciones globales respecto a temas globales.

En lo que concierne a la psicología en este período difuso de transición, me atrevo a sostener algunos indicadores importantes que están cambiando las concepciones sobre las que antes sustentábamos nuestra labor. Éstas son: que la vida basada en el eficiencia ya es una vida pasada, que el esquema que sobrevalora la relación “hombre–éxito” tiene cada vez menos espacio, y que el significado de la vida basado en “hacer dinero” para el consumo está demostrando su incapacidad para proveer felicidad. Por otra parte, los cuadros psicopatológicos que hemos aprendido a diagnosticar en el marco universitario y en la práctica profesional no se ajustan ya a las variables de interacción vigentes, las cuales están hoy por hoy claramente condicionadas por el papel determinante y poderosamente influyente de la tecnología en el desarrollo humano.

Philip Zimbardo ha puesto de lado los prototipos psicopatológicos y sostiene que las personas según las circunstancias a las que están sujetas pueden convertirse en “monstruos” o “héroes”. En su conferencia pronunciada en el foro TED muestra cómo los soldados americanos en Irak cometen las peores atrocidades, humillaciones y vejaciones a prisioneros iraquíes completamente indefensos. Esta conducta malévola, señala Zimbargo, obedece a la influencia de la institucionalidad del poder y el sistema. En consecuencia, este psicólogo simplemente separa a las personas según su “naturaleza buena” o su calidad de ser “buenas personas” y aquellas otras que han sido condicionadas, habituadas o disfrutan de ser “personas malas, alienadas o marginadas” del régimen de vida lícito o regular.

Por mi parte, dado el estado transicional que atravesamos, soy de la opinión que en efecto la psicología debe simplificar sus métodos, técnicas y procedimientos, así como sus programas terapéuticos, para coadyuvar a fijar las prioridades de desarrollo de las personas. Martin Seligman nos habla de la importancia de trabajar una “psicología positiva”, es decir, una que no se dedique a escarbar los problemas, traumas, defectos, perturbaciones y toda la carga negativa almacenada por el género humano, sino que resalte lo positivo, aquello que genere esperanza de vida, optimismo, proyección de desarrollo y creatividad. Yo agregaría a lo señalado por Seligman que la psicología, tanto en su fase diagnóstica como terapéutica, debe evaluar el estilo de vida y fomentar la calidad de vida en las personas. Pero para ello tiene que revisar cómo están los tres instintos que, a mi juicio, definen el carácter humano: el sexual (exhaustivamente descrito y analizado por Freud) y los otros dos que he expuesto en mi blog https://clavesparaenigmas.wordpress.com  : el instinto de agresividad y el instinto de posesión. Un perfil de cómo se comportan estos tres instintos nos ayudará a proyectar las opciones de desarrollo de las personas y los grupos humanos.

Superado el enfoque racionalista que nos ha acompañado a lo largo de estas últimas décadas del siglo pasado, estimo que los psicólogos no debieran tener razones para amilanarse o inhibirse de trabajar una psicología del placer, la psicología de la pareja, del romance, de la guerra, del consumismo, del aprendizaje, de la unicidad (la calidad o cualidad de ser único), la psicología de lo imposible, etc., etc. Estamos entonces hablando de la importancia de desagregar las distintas manifestaciones humanas en perfiles de comportamiento, los cuales tendrían la virtud de manejarse en el plano tecnológico y generar un impulso al desarrollo de la disciplina psicológica, pues es así como ésta puede proyectarse en las próximas décadas.

Con este siglo, la era tecnológica y sus centros de poder tecnológico ya han iniciado su amplia incursión en el cambio de los esquemas que antes considerábamos modernos. La tecnología ha invadido efectivamente todas las esferas de la actividad humana y se ha impuesto en todos los terrenos del quehacer profesional. Ha superado a la ciencia, la política, la economía, etc. Si bien, como toda tecnología, tiende a la automatización, la actual tecnología no tiene nada que ver con la tecnología industrial que tenía básicamente un carácter mecánico. En efecto, la tecnología que está dominando el mundo es una tecnología interactiva: está conectada al ser humano y constituye un vehículo de desarrollo, difusión, expansión y creación. Es ciertamente evidente que sobre el mundo real se ha instalado una capa de interconectividad o estructura social que ha capturado la vida social de las personas a través de las principales redes sociales como Facebook y Twitter (se estima que en lo que va de este año, las personas en todo el mundo han empleado 3 mil millones de horas para conectarse entre sí).  Seth Priebatsch asegura que por encima de esta capa social se está construyendo otra capa que se ubica en la cima del mundo. Es la capa de los juegos, cuya dinámica ya está invadiendo también el mundo real. Se trata de los juegos on line donde se pone a prueba el talento, la habilidad o los recursos psíquicos de las personas para enfrentar situaciones simuladas que replican la vida real o la proyectan en distintas dimensiones. Los juegos, dice Priebatsch, darán una nueva forma a la educación y al comercio, pues plantearán nuevos retos y oportunidades de desarrollo.

La psicología no puede excluirse de este proceso. Antes bien, debe estar atenta a su avance e implementar las medidas que renueven su arsenal de recursos ya obsoletos para esta nueva etapa en el desarrollo de la humanidad.

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Responses

  1. Esperanza:

    El conjunto de estas ideas me hace pensar en una vision “futurista” para nosotros en Latinoamerica, sin embargo creo que vamos en camino de hacer una psicologia que esté más acorde con el desarrollo humano, superando la concepción antigua de que basta con ocuparse de las patologias del ser humano.

    Muchos estamos ocupandonos del hombre sano y tambien contemporáneo (Acorde a los avances de la tecnologia).
    Me parece que en esa linea están las psicologias aplicadas (Deporte, educacion, aeronáutica, organizacional, etc.) y la psicologia clínica de avanzada.

    Te felicito por invitarnos a un despertar para ponernos acorde a los tiempos y en la necesidad de aplicar nuevos paradigmas.

    Bendiciones
    Ricardo


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