Posteado por: Esperanza Jhoncon | octubre 12, 2011

Más sobre agresividad.

Se me ha comentado en FB que cómo se puede hablar respecto a que los niños nacen agresivos si se les ve dulces y tiernos. Cuando Sigmund Freud publicó que los niños son perversos polimorfos por su naturaleza biológica, su afirmación no sólo fue objeto de escándalo, sino que se le expulsó de la academia científica a la que pertenecía.

La referencia que hago sobre la agresividad debe entenderse como un componente innato y básico en la especie humana que, ciertamente, no nos diferencia mucho de la especie animal (en correspondencia con la teoria de la evolución genética darwiniana). Por lo demás, este componente psíquico está ligado a la capacidad de supervivencia y desarrollo del ser humano. La agresividad debe entenderse dentro de una escala de graduación, donde cero agresividad indicaría una persona incapaz de salir adelante por sí misma, y 10 de agresividad como máximo, indicaría una agresividad patológica, donde la persona es incapaz de sobrellevar una convivencia razonable con otras personas. Niveles aceptables de agresividad intermedia son deseables y necesarios para que las personas pongan en juego su espíritu de lucha, tomen la iniciativa, sean creativos y constructivos, y asuman riesgos y desafíos para transformar su situación vital y su entorno.

Si tengo ante mí un paciente con la mirada perdida, cabizbajo, los brazos caídos, el desánimo invadiéndolo y una actitud completamente displicente, lo más probable es que poco pueda hacer para provocar un cambio terapéutico. Pero si el paciente se muestra agresivo, retador y desafiante, locuaz, impulsivo e impertinente, es seguro que podré emplear los métodos terapéuticos necesarios para canalizar toda esa energía vital en aquello que el mismo paciente descubra le habrá de redituar resultados positivos que le den a su vida un nuevo rumbo.

Una agresividad con reglas de juego claras, como la que se expresa en el boxeo por ejemplo, es diferente de una agresividad desbocada, sin límites, porque ésta es destructiva; mientras que la primera es constructiva. De manera que la agresividad tiene las dos caras de una misma moneda. Trabajemos siempre con el lado constructivo de la agresividad, pero no sofoquemos o reprimamos este instinto sólo para mantener el control de la situación que deseamos o para perpetuar el status quo.

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Responses

  1. Excelente publicación. Muy acertados sus comentarios; sin embargo, cuando menciona que muy poco podría ayudar a un paciente decaído y desanimado, considero que este desánimo podría deberse desde conceptos y modelos erróneos inyectados desde la infancia, invalidación temprana e incluso la propia filosofía de vida del individuo; esto si tomamos en cuenta que todos nacemos con un instinto de la agresividad que por alguna razón se reprimió y el individuo no ha sido capaz de expresar.

    Saludos.

    • Estimado Armando,

      Ciertamente, las múltiples formas en que se expresa un instinto, particularmente psicobiológico como la agresividad, la posesión o la muerte, tienden a confundirnos o desorientarnos en cierto sentido. Por ejemplo, un niño o persona adulta que muestra un comportamiento agresivo, no necesariamente es una expresión directa de su instinto de agresividad, sino que puede ser más bien estar escondiendo una intensa depresión que no puede exteriorizarla bajo la forma de llanto o tristeza. Por lo que expresas en tu comentario, el cual aprecio de sobre manera porque me permite tratar más el tema, el caso antes descrito aparece en el sentido inverso a lo que expones en tu comentario. No se trata, a mi juicio, de una contradicción. Todo lo contrario, es la reafirmación que los instintos tienen en efecto facetas que sólo aparentemente son opuestas, pero que -basándonos en la teoría o filosofía del Dao 道- constatamos precisamente que los opuestos, como el yin y el yang, o el hombre y la mujer, conforman una unidad, es decir, son complementarios porque uno no puede existir sin su contraparte dialéctica.

      Intuyo que tu apreciación sobre la actitud decaída, desanimada y la baja autoestima que mencionas está relacionada con tus observaciones (que comparto) de mucha gente de nuestro entorno latinoamericano (de México hacia abajo). Los pueblos latinoamericanos fueron sometidos, oprimidos, humillados, vejados, despreciados, conquistados, etc. por los imperios europeos que tenían la fuerza y el poder de las armas para lograrlo. Históricamente, nuestra población padece en efecto de una baja autoestima que le impide desplegar su agresividad de signo positivo, y convertirla en creatividad, inventiva, construcción, etc. Hemos sido sojuzgados y, por tanto, no somos capaces de valorarnos, incluso, entre nosotros mismos y valoramos a las fuerzas externas. Es precisamente lo que Freud denominaba la “identificación con el agresor”. ¿Por qué hay mujeres o hijos que se identifican o aceptan las agresiones de un esposo o padre tirano, dictatorial, punitivo, abusador, maltratador, etc.? Precisamente porque no son capaces (o no se creen capaces) de hacerle frente al agresor y, en consecuencia, se someten a él. Pero lo más importante, en este fenómeno psicológico, es que en estos casos y, en general, en nuestras poblaciones mayoritarias: indígenas, andinas o amazónicas, se ha optado por renunciar a la LIBERTAD, se ha cedido ante el agresor, se ha preferido el sometimiento en lugar de “dar la pelea” para tratar de igual a igual al adversario, invasor, conquistador o como quiera llamársele. ¿Qué significa renunciar a la LIBERTAD? Significa debilidad para asumir RESPONSABILIDAD por el propio destino, y se pone en manos del “más fuerte” la libertad para elegir el destino propio. En América Latina no sabemos vivir en libertad. Duele decirlo, pero es cierto. Muchos países latinoamericanos han atravesado por dictaduras civiles y militares décadas tras décadas. Ahora, ya no son esas dictaduras, sino el poder político y económico el que somete a nuestros pueblos.

      Permíteme señalar además que los instintos humanos no aparecen uno tras otro, sino que pueden darse en combinación, yuxtaposición, simultaneidad, etc. Pero he concluido que según cómo se manifiesten los instintos en las personas, habrá un correlato en la sociedad. Sobre este tema estoy terminando un ensayo que pronto publicaré.

      Nuevamente, gracias mil por comentar y son bienvenidos cualquier otro comentario de signo positivo o negativo.


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