Posteado por: Esperanza Jhoncon | septiembre 30, 2011

El capitalismo y su desenlace ― Parte I

Es obvio que a todos nos preocupa el desenlace que el capitalismo sufrirá en los próximos años, pues ―a favor o en contra― estamos inmersos en este sistema de vida y orden internacional. Pero nadie tiene una bola de cristal para ver a través de ella el futuro, así como nadie pudo consultar con un oráculo acerca del colapso de la ex–Unión Soviética y la caída del muro de Berlín, ni podía prever que el socialismo agonizaría dramáticamente  y se daba término así a las tensiones internacionales que la guerra fría ocasionó. Sin embargo, pese a esos acontecimientos tan significativos que ocurrieron antes de concluir el siglo pasado en el bloque socialista y en el plano mundial, todavía subsisten otros regímenes comunistas, aunque muy mermados en su vigor. El caso más relevante es el de China (aunque algunos autores prefieren categorizar a esta nación como “capitalismo de estado”), pero también figuran Cuba y Corea del Norte como tercos bastiones de este régimen. Con lo cual provisionalmente podríamos concluir que si un evento tiene la intensidad necesaria para generar un fuerte impacto en la colectividad, llegando a ocupar un lugar en la historia ―sea de carácter positivo o negativo (como el terrorismo, por ejemplo)―, jamás desaparece. En los tiempos actuales nuestra gran interrogante es ¿qué podemos esperar del capitalismo? Vayamos paso a paso …

El capitalismo no es históricamente el sistema económico más largo que la humanidad haya experimentado. El esclavismo, el feudalismo y el colonialismo ―como parte del prolongado período de mil años de la Edad Media― han ocupado más bien la mayor parte de la historia humana. No obstante, estos esquemas de relaciones socio–económicas fueron sustituidos por el capitalismo a partir del siglo XIX y, entonces, junto con el desarrollo de la revolución industrial y el poder económico adquirido por las metrópolis coloniales, ha sido capaz de imponerse en el mundo occidental creando la clase capitalista, empresaria e inversionista, así como la clase obrera o trabajadora que vende su fuerza laboral a cambio de un salario. Con el capitalismo, según Karl Marx, el trabajo perdió su carácter de actividad humana y se convirtió en una mercancía generadora a su vez de plusvalía o ganancia, la misma que va a parar a manos del capitalista por su condición de propietario de los medios o herramientas de producción. Esta estructura de relaciones productivas subsiste hasta nuestros días.

No cabe duda que el apogeo indiscutible del capitalismo alcanza su mayor esplendor en la segunda mitad del siglo pasado, que es cuando además la burguesía se encamina hacia su irremediable desaparición, al igual que resulta inevitable el declive de poder de los imperios colonialistas. Aparecen entonces las potencias económicas, políticas y militares que pugnan por conseguir hegemonía en el mundo, particularmente después de la II guerra mundial; acontecimiento histórico que marca la indudable supremacía de Estados Unidos de Norteamérica sobre el resto de potencias aliadas. EEUU se erige así como la superpotencia política, económica, militar y cultural, cuya expansión ya no consiste en ocupar territorios y colonizarlos, sino en posicionarse estratégicamente en todos los puntos claves del planeta para ejercer un control militar sobre el área de influencia. Su inigualable dominio tecnológico aéreo a nivel de todo el planeta ―reforzado sin duda durante la guerra fría― no tiene ningún referente comparativo en la historia. No obstante, hoy, está pagando con creces el costo que le ha demandado el papel de superpotencia en el escenario internacional.

Así las cosas, frente a la debacle de la economía estadounidense y sus aproximadamente 15 millones de desempleados, la prolongada recesión económica que vive Europa y los crecientes porcentajes de población que entran diariamente al paro, muchos analistas se preguntan si Karl Marx tuvo razón al afirmar, por una parte, que el capitalismo albergaba en su propio modo de producción las semillas de su irremediable destrucción y, por otra parte, que la lucha de clases era inevitable una vez que las fuerzas productivas alcanzaran un alto grado de desarrollo y concientización. ¿Está el capitalismo en proceso de extinción o decadencia? ¿Asistirá el mundo a un enfrentamiento entre las clases llamadas pudientes y las menos favorecidas? ¿Seguirán teniendo espacio las confrontaciones de naturaleza gremial en esta sociedad post–moderna?

No es nuestro propósito limitarnos a estas interrogantes que podrían tener sentido para los pro–marxistas y anti–marxistas. La evaluación que aquí ofrecemos tiene que ir más allá de las cuestiones doctrinarias, las cuales no hacen sino restringir cualquier análisis al terreno del debate político cuando lo que nos interesa es correlacionar todas las variables relevantes que están en juego en un mundo que empieza a sentir las primeras señales de unos cambios drásticos tanto como otros de carácter gradual, para producir un desenlace no fácilmente previsible.

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