Posteado por: Esperanza Jhoncon | septiembre 16, 2011

El impacto del instinto de agresividad en el desarrollo humano ― Parte I

Usualmente los autores prefieren referirse a este instinto como “impulso agresivo”, a pesar de que técnicamente constituye una fuerza pulsional permanente ―manifiesta o latente― que tiene su correlato somático en la composición muscular de cada persona. Asimismo, el término “instinto” tiene en la civilización occidental una connotación, por así decir, no–civilizada en la medida en que está asociada con el descontrol, la vida animal o el estado de barbarie; de modo tal que muchos autores optan por usar el término “impulso”, que para los fines de este ensayo no es otra cosa que la fuerza instintiva de naturaleza irrefrenable para conseguir su correspondiente descarga, tal como el hambre o la sed encuentran su derrotero cuando consiguen saciar la perentoriedad que demanda el organismo.

De la misma manera, el término agresividad o agresión provoca una cierta aversión, puesto que su práctica resulta extraña al contexto de todo lo que representa un mundo civilizado. Sigmund Freud se refirió básicamente a este instinto en el marco de las relaciones sado–masoquistas como uno de los trastornos de orden sexual, aunque por cierto en las postrimerías de su trabajo hubo de reconocer la existencia de un instinto agresivo autónomo en la naturaleza humana, el mismo que la vida ya no le dio el tiempo para analizar y elaborar como seguramente hubiese deseado, pues tenía ante sí la evidencia de su feroz despliegue con los ataques agresivos que se desencadenaron durante la I Guerra Mundial. A este instinto Freud lo incluyó dentro de los instintos del yo o de conservación, mientras que por otra parte y de manera separada ubicaba a los instintos sexuales, sobre los cuales construyó los pilares de toda la teoría psicoanalítica.

Si bien es cierto que las distintas y variadas expresiones de agresividad no deben sorprendernos, no es en modo alguno fácil aceptar o tolerar su manifestación en los extremos altamente nocivos para la convivencia humana que actualmente estamos siendo testigos. La violencia, el acoso, el maltrato doméstico, la violación sexual, el bullying, el suicidio, el secuestro, la agresión física o la golpiza, el asesinato, la criminalidad, el terrorismo, son todas formas extremas que están inundando nuestro mundo frágilmente civilizado.

Psicogénesis del instinto de agresividad.

La agresividad aparece muy temprano en la vida del infante. En cuanto el niño empieza su actividad motora, no sólo se limita a tocar y experimentar los objetos y personas a su alrededor, también se complace prontamente en golpear, chancar, tirar y pegar a otras personas, así como agitar los brazos y las piernas para sentir el efecto que produce a su derredor. De esta manera el niño va probando el incremento de su musculatura, y va ensayando formas  para desplegar su fuerza física y los márgenes que le es permitido. Desde luego que es la madre quien rápidamente se encarga de poner al niño los frenos necesarios para impedir que la agresividad se exprese en toda su extensión. El niño aprende así a asimilar las primeras medidas de control a su comportamiento agresivo, pues es reprimido reiteradamente cada vez que da rienda suelta a este instinto. Y no es para menos, porque la acción agresiva incluso en la condición infantil es capaz de lastimar, herir o dañar a personas cercanas u objetos de su entorno.

Pero a pesar de la censura de la madre y el grupo familiar, el niño, en su proceso de desarrollo, volverá a probar en repetidas ocasiones poner en práctica este instinto. Jugará a disparar en medio de una guerra imaginaria (aunque en la actualidad lo hacen de manera virtual), tramará ataques con supuestos enemigos de combate y establecerá alianzas con otros niños para multiplicar su incipiente poder físico. En el jardín de infantes y en la escuela intentará igualmente medir su fuerza física apelando a motivos fácilmente a su alcance. Se enredará en peleas o disputas que servirán para exteriorizar su agresividad, tanto como intentará sopesar su resistencia física recibiendo golpes de otros (recuérdese la película “El club de la pelea” con el actor Brad Pitt). No obstante, la experiencia de intercambiar agresión por agresión también le tiene que servir para aprender que debe domeñar este instinto a riesgo de ser castigado, censurado o suspendido. En realidad, éstas son las primeras experiencias donde se instala o afirma el llamado “mal comportamiento” en la vida escolar, o por el contrario, el niño se hace cargo de que, para adecuarse a una aceptable coexistencia con sus coetáneos y los adultos, debe controlar su agresividad de manera efectiva.

Si desde el punto de vista psicoanalítico intentáramos equiparar la fuerza del instinto de agresividad con la del instinto sexual, Freud diría sin duda que la libido, de naturaleza únicamente sexual (a diferencia de lo que opinan los neo–psicoanalistas), no sólo es más potente, sino que es la determinante básica del desarrollo de la personalidad y, desde luego, la psicogénesis de las neurosis. Mi práctica clínica me ha demostrado sin embargo que ambos instintos coinciden en grados de intensidad, es decir, la relación entre ellos es directamente proporcional. A una libido que se conduce de manera activa le corresponde un nivel similar en cuanto a dosis de agresividad, a menos que se haya sufrido daño en la función sexual. Sin duda, podríamos verificar esta aseveración midiendo el grado de ansiedad que almacena cada persona. Personas agresivas (independientemente de la valencia de su agresividad) son también personas con una libido sexual incrementada; mientras que personas con un bajo o nulo nivel de agresividad, son también personas con una libido sexual débil, inhibida o bloqueada. Este último tipo de personas necesitan ser muy motivadas o “sacudidas”, anímicamente hablando, para sacarlas de su estado de inacción. Son las personas que comúnmente identificamos como “muy relajadas”.

Formas que adopta el instinto de agresividad.

Al igual que todos los instintos, la agresividad debe ser percibida y evaluada dentro de un continuum, donde existen diversos y variados grados de agresividad. De la forma cómo se expresa ésta y de su nivel de intensidad, depende ciertamente el manejo que se haga de este instinto en el portador del mismo.

Por ejemplo, la civilización china ―y la asiática en general― ha reconocido, asimilado y trabajado el instinto de agresividad desde tiempos remotos. Los reinos que componían la región asiática competían en destrezas marciales para enfrentar a los reinos enemigos. Las escuelas de artes marciales se desarrollaron en el más completo secretismo (aún hay unas pocas de estas escuelas ortodoxas). Los individuos de los reinos con habilidades extraordinarias para la lucha eran seleccionados como miembros privilegiados para adquirir altos rangos militares, los mejores caballos, las más bellas doncellas, e inclusive, una parcela de tierra o terreno del reino. Es así que hace más de 5 mil años la agresividad en esa región del mundo fue canalizada bajo la forma de artes marciales, y tiene además el carácter de una técnica y disciplina sumamente elaborada y perfeccionada décadas tras décadas hasta la actualidad. Este manejo del instinto de agresividad también se nos revela en el conocido proverbio chino que reza del siguiente modo: “Si recibes un golpe, la herida sanará; pero si recibes un insulto, la huella no se borrará”. Si bien es cierto que la sentencia nos refiere que tanto el golpe como el insulto son formas de agresión, la diferencia radica en que el golpe representa una descarga física o muscular del instinto, mientras que el insulto involucra un sentimiento de odio o animadversión cuando menos. De acuerdo con esta diferenciación la agresión verbal sería más nociva porque tiene como propósito humillar, descalificar, rebajar la autoestima del objeto–víctima de la agresión.

Podemos reconocer entonces una agresividad abierta y directa, así como también una que se presenta de manera soterrada o disimulada. Estas formas de agresión se manifiestan por medio de la ironía, el sarcasmo, la burla o cualquier frase o palabra hiriente. Probablemente, mientras más avanzado sea el desarrollo de una población, más mitigado esté el instinto de agresividad, en la medida en que no habrían causales aparentes o visibles para desplegar este instinto. Por el contrario, las sociedades menos evolucionadas poseen más variadas fuentes que favorecen la aparición de la agresión. Es indudablemente que la frustración, las carencias, las desigualdades económicas y sociales, las experiencias reiteradas de fracaso, etc. coadyuvan a ejercer la agresión, pues se refuerzan con los factores externos y circunstanciales de vida.

Hay que añadir también otra forma de agresividad: la autoagresión. Quien se auto–agrede ha introyectado hacia sí mismo sus pulsiones agresivas. En estos casos recurrimos a la interpretación dinámica del psicoanálisis que revela al “superyó” y la conciencia de culpa sobre actos negativos cometidos, los cuales demandan su correspondiente castigo, infringiéndose así el sujeto daño hacia sí mismo como medio para aliviar la experiencia de culpabilidad. De acuerdo con el psicoanálisis, entonces, el auto–castigo es la respuesta “necesaria” y “merecida” por haber incurrido en graves faltas (reales o ficticias). La manifestación más extrema de esta autoagresión es el suicidio. En Japón, por ejemplo, los casos de suicidio que los jóvenes cometen después de haber fracasado en su intento para ingresar a la universidad, obedecen a que estos jóvenes estiman que han faltado al honor de la familia y han traicionado la confianza y los esfuerzos por ésta realizada para con su educación. En tales circunstancias, y sin el acceso a un nivel educativo superior, juzgan que toda la familia se vería envuelta en la vergüenza y el deshonor. Es de acuerdo a este razonamiento que ciertos jóvenes japoneses optan por el suicidio, demostrando así, y en última instancia, que al menos tuvieron el valor de tomar una decisión drástica ―y la última de sus vidas― para “limpiar” el honor familiar.

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Responses

  1. hola maria esperanza, muy buen blog articulos muy interesantes! :]

    • Gracias, Walter. Me complace que te gusten. No dejes de ingresar y comentar!


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