Posteado por: Esperanza Jhoncon | septiembre 11, 2011

Acerca del último proceso electoral (Correspondencia 1)

(Éste es un reply a la comunicación de un ex-compañero de universidad):

Estimado Juan,

Comparto tus impresiones acerca de tu análisis sobre el proceso electoral y el estado de violencia que recientemente hemos vivido. Pero quiero agregar algunos alcances para avanzar en este análisis:

1.  Una nacionalidad hace un país y no al revés. La nacionalidad auténticamente peruana ha sido negada, jamás reconocida, porque ha sido excluída del estado nacional. Esa nacionalidad es la nacionalidad quechua, que está totalmente al margen del movimiento político y económico de la sociedad peruana. Sólo es posible construir una nación cuando una nacionalidad se fusiona con el estado y se constituye en estado-nación. Este concepto ya ha expirado. Perú perdió la carrera de construir el estado-nación debido a que hoy asistimos a un proceso intenso de globalización y regionalización mundial. Ya no podemos, como decía Mariátegui, reinvindicar al indio como la nacionalidad peruana, ni podemos hacerlo a la manera de Velasco: aprendiendo todos el quechua y convirtiéndolo en idioma oficial. Ya no es posible tener como centro a la nacionalidad quechua, porque ésta ha sido sobrepasada por una “nacionalidad en formación”: la nacionalidad peruana mestiza.

2.  Hoy, la gran mayoría de peruanos somos mestizos. Pero la condición de ser mestizo no ha sido elaborada como una identidad nacional. En mi opinión, mestizo es una mezcla de varias fuentes étnicas y culturales (por ejemplo, yo soy étnicamente china, tailandesa e irlandesa, pero culturalmente soy peruana). Como tal, como mestizo, se es un poco de todo, y se es nada o nadie a la vez. De allí que percibas tú, Juan, una cierta naturaleza psicopática en el proceder del mestizo. Como sabemos por nuestros estudios de psicopatología, el psicópata ha sufrido una suerte de abandono real o psicológico o moral durante los primeros años de su infancia, no tiene conciencia de culpa, planifica calculadamente los pasos que va a dar en su andar, entre otros síntomas. Brevemente, en cuanto al primer rasgo: muchos peruanos han sido abandonados literalmente por sus progenitores; el rol paterno ha sido siempre débil o nulo en una gran parte de la población peruana. No han formado el concepto de autoridad en la etapa que correspondía (alrededor de los 5 años de edad).  El problema de la culpa la podemos encontrar en lo que llamas el cinismo que se ha podido observar en este proceso electoral: nadie se hace cargo de los actos realizados con anterioridad, no se asume responsabilidad. Y, en cuanto al tercer rasgo, aquí en Perú, muchos peruanos se sienten campeones del buen cálculo, de la buena “pendejada”, de la viveza criolla, etc. No obstante, en el anverso de estas características psicopáticas, debemos ver que la condición de mestizo puede redituar también beneficios positivos, como los que se refieren a la versatilidad, a la imaginativa del poblador peruano para sobrevivir y desarrollarse, a la creatividad para incursionar en “mil oficios”, a la idiosincracia de libre apertura, muy a pesar de –y desgraciadamente– que subsista el racismo, la discriminación, los prejuicios, cuya incidencia debemos erradicar en este país.

3.  Cuando asistimos a un proceso electoral violento, sin respeto por la integridad humana, apelando a la mentira, la difamación, y usando los instrumentos de poder que proveen los medios de comunicación para derrumbar a la opción que podría hacer imperar la decencia, la dignidad y la inclusión, y que en todo caso representa una esperanza de una patria diferente, es porque precisamente no hay una nacionalidad forjada ni un estado firme que lo represente. Nadie se siente representado por este débil y vulnerable estado. Este estado sólo representa a un presidente elegido pero no representa a la población. Esto explica por qué la gran mayoría de peruanos no se ha sentido nunca representado por su(s) gobernante(s).

4.  Si tuviésemos una nacionalidad forjada, no seríamos testigos de procesos electorales donde los candidatos luchan por conseguir el poder a como dé lugar, como si el estado fuese un botín. Si tuviésemos una nacionalidad forjada, no cualquiera se presentaría como candidato(a), sino sólo aquél miembro que su nacionalidad califica como apta para representarla. Si tuviésemos una nacionalidad forjada, nadie se atrevería a incurrir en corrupción o en mafias malsanas. Si tuviésemos una nacionalidad forjada, no habría la enorme desigualdad económica y social que nos avergüenza ante el mundo. Si tuviésemos una nacionalidad forjada, buscaríamos que todos tengan oportunidades educativas, culturales y laborales dignas para mejorar las condiciones de vida de la población.

5.  No basta tener un país rico en recursos naturales. Suiza, Japón, y otros países, no tienen recursos en sus suelos. Todo lo tienen que adquirir o comprar de fuera. Sin embargo han triunfado como naciones económicamente activas. Israel, los judíos, eran sólo una nacionalidad sin territorio, hasta que con ayuda de Inglaterra a instancias de la II guerra mundial, invadieron los territorios palestinos, y hoy (con la antigua ayuda de Estados Unidos de Norteamérica) es una de las potencias nucleares camufladas, con “0” pobreza y “0” analfabetismo, y una fuerza militar potente. En consecuencia, es la gente la que hace o no el desarrollo. No es el país, no es el territorio, no es la ubicación geográfica o “estratégica”. Todos estos factores son sólo coadyuvantes. Es la población unida, integrada en una sociedad articulada, la que crea la nacionalidad en conjunción con la nación.

6.  Y si hablamos de personas, es a los psicólogos a los que nos toca desempeñar un papel protagónico para desentrañar la maraña de incertidumbres, indecisiones, ambigüedades y todo un escenario nebuloso en que vivimos en este país. Pero los psicólogos solos no podemos ocuparnos de la identidad nacional (ya hubo durante la época de Carlos Franco y el grupo que conformaba el llamado Partido Socialista, un intento de contruir la identidad nacional, pero no lograron articular y anclar ese esfuerzo a la realidad nacional). Hoy se necesita un equipo multidisciplinario donde así como los psicólogos, aporten los antropólogos, los sociólogos, los economistas, los abogados, los educadores, etc.

7.  No obstante, la psicología se vio durante mucho tiempo entrampada en muchas escuelas o corrientes teóricas o semiteóricas. Hoy estas corrientes se han difuminado y las gentes, según lo veo después de dos décadas de ausencia del país, han cogido sus “nichos de actividad”, y se han (o nos hemos) conformado en la comodidad que dicha actividad nos provee. A mi modo de ver, la psicología y sus psicólogos deben problematizarse y cuestionarse acerca de todos los temas que involucran a la población y a la realidad nacional.

Espero, Juan, que tu iniciativa de exponer tu punto de vista sea seguida por otros colegas y que expresen libremente su aporte al diálogo. Tenemos más de una metodologías para abordar estos temas. Empecemos por la tesis-antítesis-síntesis, y espero se me permita agregar la teoría universal del Yin-Yang (aprendida en mis largos años de estancia en China y en mi lucha por los derechos humanos y los refugiados en las NU).

Sean bienvenidos todos los comentarios de todos los signos.

Cordiales saludos,

Esperanza

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Responses

  1. Esperanza:
    De nuevo te felicito.
    Tus comentarios sobre la educaion secundaria me paermiten ampliar la vision de lo nacional a lo mundial.
    Gracias por el aporte.

    No creo que este se tema central del blog, por lotantote animo a que si tienes más comentarios dque los hagas por medio del correo personal.

    Por favor continua con tu linea de publicaiones. Evita salirte de lo planeado

  2. Esperanza:

    Se me hace que estos artculos van a pasar a los periodicos y tambien a alguna revista.
    Felicitaciones.

    Muy interesante haber encontrado un medio de expresión de tu creatividad y de tu reflexión.

    Te invito a generar opiniones sobre el tema “Cómo potenciar la educacion secundaria en el Perú”
    (Tema de mi interés)

    Suerte y bendiciones.

    • Muchas gracias, Ricardo, por tus comentarios tan favorables. Con respecto a tu planteamiento de cómo potenciar la educación secundaria en el Perú, debo señalar en primer lugar que la educación tal como está concebida actualmente, se encuentra en crisis en casi todo el mundo, pues los parámetros fundacionales que dieron origen a su aplicación han variado sustancialmente. Los niños y jóvenes de ayer ya no son los mismos que los de hoy, así como los maestros de ayer tampoco son los de hoy. Este factor de “evolución” en la composición de los protagonistas de la educación ciertamente que es decisivo. Se dice por ejemplo que los actuales educandos son más inteligentes porque están expuestos a una enorme cantidad de estimulaciones que los niños de épocas pretéritas no tenían. Igualmente se dice que los docentes del pasado tenían una vocación pedagógica y de servicio mucho más acentuada que los actuales. A este cambio evolutivo hay que agregarle el crecimiento poblacional de los educandos, lo cual dificulta más la tarea educativa.

      En segundo lugar, aparte de este marco general de los protagonistas de la educación, en el plano del nivel de secundaria que mencionas ser de tu interés, tengo que referirme antes que nada a la etapa de desarrollo transicional que ocurre en los educandos de nivel secundario, con todo lo que eso significa: no son ni niños ni adultos, sufren cambios hormonales intensos, atraviesan por situaciones altamente ambivalentes y se conflictúan con la generación que les antecede y la que preceden. Considerando esta condición de variabilidad en el funcionamiento de su personalidad, a mi modo de ver no se pueden aplicar reglas o normas fijas y rígidas con los estudiantes de la secundaria. El docente de secundaria tiene que habituarse a tomar el pulso de su auditorio juvenil cada vez que quiera introducir una materia. Pero, luego, su punto de partida es ponerse en el contexto de los adolescentes (al lado, y no por encima de ellos, a menos que quiera exponerse al rechazo) y desde allí, cuando esté seguro(a) de que su materia va a ser recepcionada, o va a encontrar eco, o va a influir en sus estudiantes, entonces podrá desarrollar el tema objetivo de su clase. El factor motivacional es extremadamente importante en todas las asignaturas para adolescentes. Sin motivación, no hay aprendizaje. Hay más bien un bloqueo o un rechazo. Un docente tiene que evitar que se generen esos dos resultados contraproducentes para la adquisición de conocimientos. Pero no va a lograrlo, imponiendo una disciplina estricta (como sí se hace en China y Japón, y es aceptado y tolerado aún por los estudiantes, pues el concepto de autoridad está fuertemente interiorizado en los países asiáticos). Aquí, en nuestro país, en cambio, ese concepto: el sentido y el reconocimiento de la autoridad es extremadamente precario (tal como decía en mi correspondencia a Juan Rodríguez). La figura paterna, desde la época de la colonia y quizás antes, no ha asumido a cabalidad su rol de asistencia y protección hacia su descendencia en muchas regiones de nuestro país (basta mirar el alto porcentaje de demanda por alimentos que tiene el poder judicial en las salas de familia). La madre no puede sustituir el rol paterno, aunque intenta suplir en la práctica esta carencia. Los hijos se desarrollan entonces sintiendo ese vacío de autoridad que se transfiere a otras esferas de su vida y actividad. De ahí la falta de respeto, la irreverencia, la desconsideración, la deslealtad, el cinismo psicopático … El no reconocer el principio de autoridad constituye un grave problema que tiene muchas aristas en el proceder del adolescente en formación. Probablemente, el más grave efecto sea, a mi juicio y contrariamente a lo que aparenta, la baja autoestima del propio adolescente, la cual es camuflada o disfrazada con posturas completamente opuestas: arrogancia, pedantería, superioridad, agresividad, etc.

      De manera que en nuestro contexto social, los educadores y psicólogos tenemos que ser sumamente conscientes que estamos tratando con adolescentes o jóvenes en formación que a su vez están enfrentando serios conflictos de autoridad, conflictos de autoestima, conflictos en sus relaciones interpersonales, entre los más importantes. La misión de los pedagogos es adecuar el material y los métodos de enseñanza a esta realidad para ser viable el aprendizaje, y este proceso debe convertirse necesariamente en una actividad gratificante y placentera, capaz de responder además a las interrogantes que tienen los educandos en su vida diaria, en su contexto familiar y social y en su proyección hacia el futuro.

      Espero, Ricardo, que de alguna manera haya puesto sobre el tapete algunas luces para un trabajo más detallado sobre el tema. Volveré a tocar seguramente la problemática de la educación en el Perú, aunque no sea éste el tema central que me anima en este blog.

      Nuevamente, agradezco tu participación y aprecio tu reconocimiento.


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